Podemos considerar las construcciones pasivas como aquellas que reducen drásticamente el consumo de energía ante la necesidad de calentar o enfriar las estancias. Estas reducciones de demanda energética pueden alcanzar el 90% en algunos casos, pero, ¿cómo podemos lograrlo?
Las casas pasivas se apoyan en tres pilares fundamentales para lograr la tan preciada eficiencia. Deben funcionar en armonía y «engranar» óptimamente para lograr la máxima reducción.
El pilar de mayor importancia es el aislamiento. No cabe duda que cuanto mejor aislada esté la vivienda, menos energía hará falta para calentarla o enfriarla. Destacar, que en este tipo de construcciones se pretende eliminar los puentes térmicos, lo que obliga a la instalación de carpintería exterior acorde.
El segundo pilar es la ventilación. Las construcciones de carácter pasivo, aprovechan el aire saliente interior para hacer que el aire entrante exterior tenga una temperatura similar mediante un recuperador. Pueden alcanzarse cotas de aprovechamiento del orden de un 80%.
El tercer pilar es la hermeticidad. Se trata de controlar las infiltraciones que se producen en los encuentros de los elementos constructivos o en el paso de las instalaciones y de esta forma, garantizar un funcionamiento adecuado del sistema.
No podemos olvidar, que estos elementos deben ir apropiadamente coordinados con la posición solar y correctamente ejecutados para un acabado satisfactorio.